La pausada ceremonia de fumar un habano

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La pausada ceremonia de fumar un habano

La semana pasada, en una reunión con amigos, alguien habló de las cavas de puros en Madrid. Confieso que somos, en la medida de nuestras posibilidades, un poco sibaritas. Ya sabes, la delicada liturgia de encender un buen habano no tiene comparación con nada. Eliges el momento adecuado. Sabes que vas a dedicar un buen rato a gozar del placer de ver elevarse cada voluta de humo. Decides el tamaño del puro en función del tiempo del que dispongas. No existe peor pecado que no dedicarle a cada cigarro puro el tiempo que precisa.

Cuidamos con mimo ese momento en que la llama da vida a nuestro habano. Somos de los que atienden el detalle y no dejamos que el azar nos arruine los placeres. Decidimos la copa adecuada. Entornamos quizá los ojos con las primeras caladas, las que traen los aromas más sorprendentes. El momento en que un buen puro entrega sus credenciales. Seguro que a la hora de adquirirlos buscaremos un lugar que nos ofrezca óptimas condiciones de conservación y cuidado. Eso dijo muy serio y concentrado nuestro amigo cuando habló de las cavas de puros en Madrid. 

No hablamos de un humilde cigarro que podamos fumar a toda prisa. El corte y el encendido ya son en sí una ceremonia. Compartes charla o disfrutas en soledad del silencio merecido al final del día. Buscas tu rincón favorito. La luz adecuada. La copa tranquila de buen licor. Quizá una música que acompañe el pequeño disfrute. Quien no aprecie el sabor del humo cálido retenido unos instantes en la boca no lo entenderá. Quizá sea absurdo intentar explicárselo. Es una ceremonia para creyentes. Aquellos que al fin la prueban, quedan rendidos.

En Radis Equip nos tomamos en serio ese momento. Somos de los que creen que con los placeres no se juega.

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